La lectura como acto revolucionario

Junot Díaz es un escritor dominicano que vive desde hace más de 30 años en Estados Unidos. Habla español pero escribe en inglés. Su libro La maravillosa vida breve de Óscar Wao obtuvo el premio Pulitzer en 2007. Ahora vuelve a publicar una nueva Así es como la pierdes, que saldrá a la venta en breve.

Díaz concedió hace dos días una entrevista a El País donde soltó perlas tan inteligentes como estas:

Cada joven es un objetivo ambulante sobre el que las corporaciones se lanzan despiadadamente a fin de asegurarse que no les queda un solo momento libre. Para cada instante de ocio hay un artilugio de consumo al que son adictos. Los jóvenes son consumidores a quienes no se deja en paz un solo instante. ¿Cómo van a desarrollar la capacidad necesaria para disfrutar el arte con la tranquilidad que exige la contemplación estética cuando los están bombardeando con productos edulcorados de bajísimo valor nutritivo, entretenimiento basura?

Piénselo bien: cada vez que un joven abre un libro es tiempo que pasa sin pulsar botones, sin entrar en Facebook, sin pedir papel higiénico por Amazon. Si a una chica o a un chico les da por leer poesía, se salen de la cadena de producción de dinero y obtención de beneficios. A las corporaciones les resulta insoportable la idea de que nadie le dedique a una novela las 20 o 30 horas que exige su lectura. Las multinacionales han secuestrado la imaginación de los jóvenes y no les van a dejar volver a la lectura. No. Fucking. Way.

Nunca se había expresado tan bien el panorama editorial actual. La gente no lee. Los jóvenes no leen. Leer se ha convertido en algo aburrido, lento, que no acompaña al mundo moderno con la rapidez suficiente. Por eso ahora que tanto se habla de revoluciones, de rebelarse, de cambiarlo todo, podríamos decir que leer es algo revolucionario. Un acto de rebelión. Cuando alguien abre un libro de Dickens, Amazon deja de ganar dinero. Cuando un niño lee alguno de los cuentos de los hermanos Grimm, Disney Channel tiene pérdidas. Cuando un adolescente se sumerge en la lectura de El guardián entre el centeno, los ingresos de Facebook se resienten.

Leer es más que pasar un rato divertido en un mundo que otro ha creado para ti. Es una acto de agitación. Los libros sacuden tu mente y le quitan el polvo que las corporaciones y la televisión nos ponen encima. Por eso hay que leer. Si queremos cambiar la sociedad y el sistema, ¿cómo vamos a hacerlo sin leer?

perspectiveFoto: The Paris Review

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